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MIERCOLES 22 NOVIEMBRE 2006
Lanzamiento de una nueva disciplina: Running

En el marco de la “Corporate Race” que organiza anualmente el Club de Corredores junto al periodista Claudio Destéfano, el 22 de noviembre se realizó el lanzamiento de la nueva escuela de running de la Fundación que se suma a las de Padel, Tenis y Hockey. Esta nueva disciplina tendrá como padrinos a Oscar Cortínez, Sandra Torres, Floppy Gorchs y Alberto Beunza. Más de 3000 personas presenciaron, en el Hipódromo de Palermo, el momento en el que 15 jóvenes con capacidades diferentes corrieron 500 metros acompañados de maratonistas, empresarios, amigos y miembros del staff de la Fundación. Sin duda, lo más emotivo fue la llegada de los alumnos a la meta donde los esperaban “los abrazadores”. El evento demostró en “vivo y en directo” el significado de la movida “El Abrazador” que, durante el mes de octubre, el periodista Claudio Destéfano realizó en su newsletter DestefanoBiz, con el propósito de recaudar fondos para que seis alumnos de la Fundación pudieran participar en eventos deportivos en España. De esta manera, también la Fundación pudo manifestar su eterno agradecimiento a todos lo “bizers” (como se denominan a los lectores del DestefanoBiz) por su compromiso solidario. Pero, ¿qué es ser un “abrazador” en una competencia de atletismo de chicos con capacidades diferentes? Cecilia Baccigalupo lo explica: “Hace muchos años participé de una carrera de jóvenes con capacidades diferentes y mi rol fue ser ABRAZADOR. Las instrucciones que recibí fueron sencillas: tenía que pararme en la línea de llegada y mirar fijo a los ojos al atleta que me habían asignado. Mirarlo a los ojos durante todo el recorrido, para que no se distrajera y viniera directo hacia mí. Yo debía ser, ni más ni menos, el motivo por el cuál él quisiera llegar a destino. Y eso hice. Miré a los ojos al muchacho que estaba parado en la línea de largada. Abrí los brazos de par en par. Y comencé a llamarlo, a vivarlo para que viniera hacia mí. Lo acompañé con la mirada en todo momento, sin quitarle jamás la vista de encima. Él me miraba y sonreía, y corría con fuerzas. Y yo sentía que se moría de ganas por llegar. Corría porque el triunfo, para él, significaba envolverse en mi abrazo. Cuando llegó, lo abracé tan fuerte que se me estremeció el corazón. Y de ese estremecimiento nació una alegría como de ésas que pocas veces se sienten en la vida. Una alegría como cuando, años después, conseguiría de un paletazo mi tercer título mundial. Una alegría que me hizo tomar una decisión: en cuanto pudiera, intentaría volcar hacia los chicos especiales todo lo que el deporte me diera”. A todos los que quisieron sentir la alegría abrazadora: amigos, empresarios, corredores, maratonistas, familiares; a todos otra vez les decimos gracias por creer y por acompañar a que la Fundación pueda seguir creciendo.